24 de marzo de 2015

CUANDO LA LECHE NO ES BLANCA


Siempre se ha dicho que 'la naturaleza es sabia', y lo es. No se puede ir contra ella, ella es la que manda. Lo dicho, 'la naturaleza es sabia' pero también es jodida, dura, injusta e incomprensible...

Hace menos de un mes la naturaleza actuó mal.

Decidió llevarse a Mai. Algo que no esperaba nadie. Nadie esperaba que una familia se fuera a romper de dolor inesperada e injustamente. Una amiga, una comadre, una compañera de camino desde hace ya más de dos años, perdió a su hija. El día que Mai decidió nacer y darse a conocer finalmente, sus padres descubrieron su sexo, le pusieron nombre y vivieron su fallecimiento.

Desde ese día nada será igual para esa familia. La pérdida de un ser querido es horrible, lo peor que le puede pasar a alguien, pero que esa pérdida se produzca el mismo día de su nacimiento, es tan dura que duele hasta el alma el sólo pensarlo.

M.B. desde ese día tiene más manchas de tigresa en su cuerpo. Otras muchas si hubiéramos pasado por eso, probablemente estaríamos en la cama tapadas sin querer saber nada de nadie. Ella en cambio, sigue su camino de vida, de lucha, de maternaje, de acompañamiento de comadres... El agradecimiento hacia ella es infinito e impagable.

Desde aquí mi post de reconocimiento a esa mujer INCREíBLE que me (nos) enseña algo cada día, a la que la vida  ha mostrado su lado más cruel e injusto.

La naturaleza es sabia. Cuando se produce un nacimiento, el cuerpo de la mujer se pone en marcha, después del nacimiento el pecho está provisto de leche para dar al nuevo bebé. En este caso, la pérdida de Mai hizo que M.B. tuviera leche, sin bebé al que amamantar. Decidió no tomarse ninguna pastilla para cortar esa leche y poco a poco la naturaleza se la ha ido 'llevando' , ayudando a asumir ese duelo por una lactancia no llevada a cabo.

Aquí dejo el testimonio de M.B. el cual el 'señor Facebook' censuró porque salía una teta...  cuanta hipocresía... las tetas que incitan a sexo sí están permitidas, pero las tetas que promueven alimento, no.

Cuando la leche no es blanca
El pasado 3 de marzo mi hija Mai nació muerta. Nadie te prepara para eso. Nadie está preparado. Dentro de la nebulosa del momento, burrocracia, gestiones, decisiones y recuerdos, alguien te ofrece pastillas para cortar la leche. Alguien te dice que puedes esperar. Y en ese momento caes en que tu cuerpo, tu cuerpo de madre, parida la placenta, producirá leche en unos días. Y te cagas en la Naturaleza. Mi elección fue esperar, quizás para aferrarme a lo que de Mai me quedaba. No me arrepiento, fue una despedida suave y paulatina, pero cada mujer debe tener libertad para escoger la suya. Los profesionales deben informar. No juzgar. Tras la cesárea de urgencia y la muerte, el shock y el dolor físico dejaron paso a una fuerza increíble que me impulsaba a levantarme, a lamerme mi propia herida. Los pechos se me llenaron de leche, tremendos y calientes. Fui mamífera en estado de alerta, buscando a mi cría, esperándola. Por la cesárea tomaba antiinflamatorios, quizás por eso no sentí dolor, solo malestar, no tuve necesidad de extraerme leche ni de aplicarme frío ni hojas de col. Dejé fluir la leche, simplemente, dejé que me mojase despidiendo a mi bebé, dejé que se perdiese. Dejé a mi cuerpo hacer su duelo, llorar su luto, hasta que la leche se marchó. Y con ella la fuerza. La mamífera que por fin tomó conciencia de que su bebé no iba a volver. Mamífera vacía de vientre y pechos muertos. El cuerpo de madre, creador, nutricio, lleno de vida y alimento pasó suavemente a convertirse en silencio, en cementerio.




Por tí Mai, por ti M.B.
Por tí M.M y tu golondrina, y por todas esas mujeres que pierden a sus bebés.



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